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Un lugar interno al que poder volver

Quizás te preguntes cómo empieza una sesión de Somatic SE®.
Tal vez imaginas que hay que hablar mucho, explicar bien lo que pasa, o “sentir cosas” en el cuerpo sin saber muy bien cómo.

Nada de eso es necesario.

El inicio de una sesión de Somatic SE® no tiene que ver con explicar bien la historia, ni con ordenar lo ocurrido, ni con llegar a ninguna conclusión. Tiene que ver, antes que nada, con volver.

Volver al cuerpo.
Volver al momento presente.
Volver a un lugar interno al que poder volver.

Los primeros minutos de una sesión de Somatic SE® son suaves. No hay prisa. No hay exigencia.
Quizá hablamos un poco de cómo llegas hoy, pero incluso ahí la atención no está solo en las palabras, sino en cómo el cuerpo acompaña lo que dices: cómo respiras, cómo te sostienes, qué se mueve y qué se queda quieto.

En Somatic SE® no se empuja nada. El cuerpo marca el ritmo.
Y ese ritmo suele ser más lento de lo que estamos acostumbradas, porque el sistema nervioso necesita tiempo para comprobar que no hay peligro, que no va a ser forzado, que puede quedarse… o irse, si lo necesita.

A menudo, al comenzar la sesión, te invito a notar el apoyo: la silla, el suelo bajo los pies, el peso del cuerpo, el contacto.
A veces también a mirar alrededor, a reconocer el espacio, a orientarte. No como un ejercicio mental, sino como una forma muy concreta de ayudar al cuerpo a registrar que aquí y ahora hay suficiente seguridad.

No buscamos relajarte ni cambiar nada. Y si no notas “nada especial”, también está bien.

A veces lo que aparece es muy sutil: un suspiro que llega solo, una sensación de peso, un poco más de espacio en el pecho, una mínima señal de alivio. En este trabajo, lo sutil importa, porque es ahí donde el sistema nervioso empieza a reorganizarse.

Una sesión de Somatic SE® es un espacio guiado y compartido. No es algo que la persona tenga que hacer sola ni “hacer bien”. El/La terapeuta acompaña, orienta y sostiene el proceso, invitando a que el cuerpo pueda reconocer sus respuestas fisiológicas instintivas.

Cambios en la respiración, en la postura o en pequeños gestos son indicios valiosos de cómo el sistema se activa, se protege, se descarga o encuentra momentos de mayor regulación. Cada reacción, por sutil que sea, aporta información.

A lo largo de la sesión, solo se entra en aquello que el cuerpo puede sostener con suficiente apoyo. Cuidar la comodidad y la sensación de seguridad es esencial para no activar de nuevo las respuestas de estrés que generan malestar en la vida cotidiana. Por eso, cada propuesta del terapeuta se ofrece como una invitación, nunca como una obligación. La persona puede expresar en cualquier momento qué le resulta difícil, qué no le permite estar cómoda o qué necesita en ese momento. Dar espacio y voz a lo que ocurre ya forma parte del acompañamiento. El trabajo se dosifica con cuidado.

En Somatic SE® se evita la intensidad y se favorece un proceso gradual que permite que el cuerpo se autorregule y recupere estabilidad.

Al cierre de la sesión de Somatic SE®, es fundamental tomarse un tiempo para integrar la experiencia vivida. Retomar las actividades cotidianas de forma gradual, con calma y presencia, facilita que el cuerpo asimile el trabajo realizado y que los cambios se consoliden de manera estable.

Y eso, en realidad, es el corazón del proceso terapéutico: ir construyendo, poco a poco, un lugar interno al que poder volver.

Un lugar donde el cuerpo no tiene que defenderse para poder estar.

María Plaza Serrano.

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